San Valentín, o el Día de los enamorados, es la fecha con la que se exalta el amor entre la pareja y el compromiso. Algunos historiadores lo relacionan con las antiguas lupercales romanas, rituales de fertilidad celebrados el 15 de febrero. Con el tiempo, la celebración pasó a vincularse con un sacerdote cristiano del siglo III que, según la tradición, desafió al emperador Claudio II el Gótico al casar parejas en secreto, por lo que fue ejecutado el 14 de febrero, fecha que terminó convirtiéndose en símbolo del amor.
Sin embargo, esta fecha también refuerza narrativas culturales que normalizan los mitos románticos. Es decir, esas ideas que presentan los celos como prueba de amor, el control como cuidado y la dependencia emocional como sinónimo de entrega.
Desde una perspectiva de violencia de género, estas creencias no son inofensivas. Todo lo contrario, constituyen el terreno simbólico donde se legitiman dinámicas de desigualdad, violencia psicológica y, en muchos casos, física. En este blog de UVirtual desmontamos estos mitos y explicamos por qué la formación especializada en materia de género, como un máster en Prevención de la Violencia de Género, es clave para abordarlos con rigor académico y capacidad de intervención.
Además, al final podrás encontrar gratis el recurso “San Valentín, celos y violencia de género. La guía para identificar dinámicas de control en las relaciones afectivas”.

Violencia de género en las relaciones afectivas
La violencia de género no surge de forma aislada ni repentina, por el contrario, es el resultado de estructuras culturales que legitiman la dominación masculina y la subordinación femenina o viceversa, según sea el caso.
La Organización Mundial de las Naciones Unidas (ONU), define la violencia de género como “los actos dañinos dirigidos contra una persona o un grupo de personas en razón de su género. Tiene su origen en la desigualdad de género, el abuso de poder y la existencia de normas dañinas”.
Entendiendo esto, podemos hablar de una de las violencias con mayor número de casos registrados: la violencia causada por la pareja sentimental y justo, en fechas como San Valentín se refuerza la idea de que la pareja es el eje central de la identidad, lo que puede intensificar la presión por conservar la relación a cualquier costo, incluyendo dinámicas abusivas.
También puedes leer: Violencia contra la mujer y conmemoración del 25N
Mitos románticos que se intensifican en el día de San Valentín
Cuando pensamos en el amor, por lo general, solemos imaginar detalles románticos, demostraciones intensas y promesas de entrega total. Sin embargo, muchas de las ideas que aprendimos sobre amar están basadas en creencias que normalizan el sacrificio, la renuncia y la idea de pertenecer a la otra persona.
Estas narrativas, que afectan de manera particular a las mujeres, se repiten una y otra vez, día a día, en películas, canciones, redes sociales y celebraciones como el Día de San Valentín. Y es en este punto en el que se normaliza este imaginario romántico y se suelen justificar conductas concretas que refuerzan las relaciones desiguales, como muestras de amor. A continuación, te compartimos algunos mitos románticos y cómo identificarlos para prevenir la violencia causada por la pareja sentimental.
Celos ≠ amor
Uno de los mitos más persistentes es que los celos son una manifestación natural del amor. En realidad, los celos funcionan como un mecanismo de control que limita la autonomía personal. La normalización de los celos está estrechamente vinculada a la tolerancia social hacia la violencia psicológica en la pareja.

Control disfrazado como cuidado
Revisar el teléfono, decidir con quién hablar o cómo vestirse se justifica como preocupación o protección. Sin embargo, estas acciones no son gestos románticos. Son señales tempranas de violencia de género. Restringen la libertad individual y refuerzan relaciones de poder desiguales.
Dependencia emocional y sacrificio
El ideal de tener un amor para toda la vida promueve la idea de que todo debe soportarse en nombre de la relación y genera dependencia emocional, que incrementa la vulnerabilidad frente a la violencia, especialmente cuando se combina con desigualdades económicas y sociales.
Cuestionar San Valentín o el amor romántico, no implica rechazar el amor, sino resignificarlo mientras se desmontan los mitos románticos. Esto es un paso esencial para prevenir la violencia de género y promover relaciones basadas en el respeto, la autonomía y la igualdad.
La formación especializada, como un máster en Prevención de la Violencia de Género, permite transformar el análisis crítico en acción concreta, fortaleciendo la capacidad de detectar, prevenir y erradicar dinámicas violentas. Recuerda que donde el romanticismo suele silenciar las señales de alerta, el conocimiento riguroso se convierte en la herramienta más poderosa para construir vínculos verdaderamente saludables.
Fuentes: Naciones Unidas
