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Los avances tecnológicos y la revolución digital están generando desde hace décadas profundos cambios en todos los ámbitos de la vida humana. Desde la cotidianidad, hasta las formas de trabajo, las relaciones sociales y los sistemas políticos y económicos, han sido trastocados por los cambios vertiginosos que ha impulsado esta nueva era.

El derecho penal y la criminalidad no escapan de estos cambios. Por un lado, el crimen cibernético y la delincuencia organizada a través de novedosos sistemas tecnológicos, han nacido como nuevas formas de delinquir. Por el otro, el derecho penal ha tenido que, necesariamente, adaptarse a estas transformaciones para hacer frente al crimen y dar respuestas efectivas, a la altura de los retos que plantea esta era hiperconectada.

Para Enrique Anarte Borrallo en un artículo publicado en 2001, las nuevas tecnologías proporcionan a los sistemas penales nuevos mecanismos de control. No obstante, el investigador español señala también el posible riesgo que esta transformación puede conllevar, en síntesis la fragilidad de la libertad y la privacidad frente a las herramientas tecnológicas de control.

Este es uno de los principales debates de la actualidad en materia de derecho penal, ética y tecnología. El desafío más importante que señaló la profesora en derecho penal, Inmaculada López-Barajas en 2017, es enfrentar la delincuencia ligada al uso de las nuevas tecnologías, “buscando un adecuado equilibrio entre seguridad y privacidad”.

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3 herramientas tecnológicas para mejorar los procesos penales

Sin embargo, la transformación de los procesos del derecho penal es inminente y cada vez más se incorporan nuevas herramientas y mecanismos para perfeccionar los resultados de investigaciones pero también para usarlas como sistemas de prevención. A continuación mencionaremos tres de las más usadas:

1) La vigilancia electrónica: agrupa a todos aquellos métodos que tienen como propósito monitorear la ubicación, el desplazamiento o no, o aproximación de una persona o cosa con respecto a un lugar determinado, que estén involucrados en un proceso penal. Esto por supuesto con el objetivo de obtener información útil para investigaciones.

La magistrada María Poza Cisneros enumera entre los mecanismos de este tipo de vigilancia, el uso de chips en mercancías de difícil identificación, etiquetas magnéticas en lugares, el uso de cámaras en locales cerrados, públicos o privados o en las calles de una ciudad, y el uso del GPS para ubicar vía satélite la localización de un individuo.

Además agrega que éstos mecanismos no sólo proporcionan información espacial sino también datos de los que se puede inferir tipos de conductas de los individuos vigilados, como patrones de consumo de ciertas sustancias como drogas o alcohol.

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2) Dispositivos de almacenamiento masivo de información como evidencia: en las investigaciones nuevas, estos dispositivos han adquirido un rol importante para el registro y la incautación. Algunos expertos en la materia le adjudican a éstos un cambio de soporte en las incautaciones tradicionales de papeles, cartas, objetos de personas implicadas en procesos penales.

“Asimismo, debe tenerse en cuenta la variedad de información que se suele almacenar en un ordenador personal. Aunque estos datos puedan tacharse de irrelevantes si se consideran aisladamente, analizados en su conjunto permiten configurar un perfil altamente descriptivo de la personalidad de su titular”, agrega López Barajas.

Sin embargo, otro grupo de penalistas defienden el derecho a la intimidad de las personas y señalan la vulnerabilidad y afectación de la vida privada que generan este tipo de incautaciones, dado a la gran cantidad de información personal que existe en un ordenador. Este tema forma parte de otras de las discusiones entre seguridad y privacidad respecto a las nuevas tecnologías en el derecho penal.

3) Las videoconferencias en vivo en los procesos penales: este medio audiovisual ha sido un recurso muy útil en los juicios para obtener declaraciones de personas que no se encuentran en el lugar donde se desarrolla la investigación. A pesar de contar con algunos detractores, este recurso se ha venido posicionando como una excelente alternativa.

Adán Carrizo González valora en un artículo publicado en 2008, la rapidez y precisión de este medio a través del cual “la distancia física deja de ser un impedimento para la celebración de encuentros, como si los participantes se encontraran en la misma sala, consiguiéndose con ello un mejor aprovechamiento de los recursos económicos de la justicia, agilidad en el desarrollo de los procesos”.

En definitiva, estas 3 tecnologías nuevas están mejorando y agilizando los procesos del derecho penal y contribuyendo a su adaptación efectiva a las transformaciones que está suscitando la era digital. Algunas de ellas están en plena discusión, especialmente en lo que se refiere al binomio seguridad-privacidad, sin embargo están siendo puestas a prueba en todo el mundo.

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